*…El Conde Lucanor: Compañía…*

   

    Otra vez habló el conde Lucanor con Patronio, su consejero, del siguiente modo:

– Patronio, hace poco se ha enfadado una gran amiga mia porque dice q no la se escuchar y que solo penso en mi. ¿Qué puedo hacer para que me perdone?

 

   Cuando hubo terminado, respondio Patronio:

– Señor conde Lucanor, para que veais lo que debéis hacer me gustaría que supierais lo que le sucedió a un par de amigos.

 

Recibí una llamada telefónicade un muy buen amigo. Me dio mucho gusto escucharlo. Lo primero que me preguntó fue:

– ¿Cómo estás? 

Y sin saber por qué le contesté:

– Muy solo.

– ¿Quiéres que vaya a tu casa y hablamos?

– Sí.

     Colgó el teléfono y en menos de quince minutos ya estaba tocando mi puerta. Le hablé durante horas de todo, de mi trabajo, de mi familia, de mi novia, de mis deudas, y el me escuchó atentamente.

 

     Se nos hizo el día, quedé muy cansado, me había echo muy buena compañía y sobre todo que me escuchara, que me apoyara y me hiciera ver mis errores. Me sentía muy a gusto. Cuando el notó que yo me encontraba mejor, me dijo:

– Bueno, me voy, tengo que ir a trabajar.

 

    Yo le sorprendí y le dije:

–  ¿Porqué no me habias dicho que tenias que ir a trabajar? Mira la hora que es, no dormiste nada, te quité tu tiempo toda la noche.

 

   El me sonrió y me dijo:

– No hay problema, para eso estamos los amigos.

 

   Yo me sentí muy feliz y orgulloso de tener un amigo así. Lo acompañé a la puerta de mi casa. Cuando él andaba hacia su automóvil le grité desde lejos:

– Y a todo esto, ¿por qué me llamaste anoche tan tarde?

 

   El regresó y me dijo en voz baja:

–  Es que te quería dar una noticia, fuial ctor y me dijo que estoy muy enfermo.

 

   Yo me quedé mudo. Él sonrió y me dijo:

– Ya hablaremos de eso. Que tengas un buen día…

 

   Se dió la vuelta y se fue. Pasó un buen rato hasta que asimilé la situación, y me pregunté una y otra vez, ¿por qué cuando me preguntó cómo estaba me olvidé de él y solo hablé de mi? ¿Cómo tuvo la fuerza de sonreírme, de darme ánimos, de decirme todo lo que me dijo, estando el en esa situación?

 

   Vos, señor conde Lucanor, si quereís que vuestra amiga os perdone y ningún amigo más se enfade con usted por el mismo motivo, no cometais ese error y escuchar a sus amigos. Quizás ellos tengan otras cosas más importantes que deciros. Pasar más tiempo con sus amigos, ellos le necesitan.

 

    Al conde le agradó mucho lo que dijo Patronio, hízolo así y le salió muy bien. Y como don Juan gustó de este ejemplo, lo mandó poner en este libro y escribió estos versos:

                                       si en peleas no quieres estar,

                                       a tus amigos has de escuchar.

                                    

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